Estudio de Harvard detecta aumento de suicidios entre exjugadores de la NFL desde 2011

Los suicidios entre exjugadores de la NFL aumentaron de manera significativa en la última década, rompiendo un patrón que durante más de treinta años había colocado al futbol americano profesional en niveles similares a otros deportes de élite en Estados Unidos.

Un estudio de la Universidad de Harvard, basado en registros oficiales de mortalidad entre 1979 y 2019, concluyó que el riesgo de suicidio entre exjugadores de la NFL se duplicó a partir de 2011 en comparación con exatletas de la MLB y la NBA. Antes de ese año, las tasas eran estadísticamente equivalentes entre las tres ligas.

La investigación analizó a 34,013 exatletas profesionales, incluidos 20,765 exjugadores de la NFL, utilizando datos del Índice Nacional de Muertes. En total se documentaron 101 muertes por suicidio. Hasta 2010, no se observaron diferencias relevantes por deporte. Entre 2011 y 2019, el riesgo relativo de suicidio entre exjugadores de la NFL fue 2.64 veces mayor que el del grupo de referencia compuesto por beisbol y basquetbol, aun después de ajustar por edad al retiro, raza e índice de masa corporal.

El estudio remarca que hallazgo no sugiere que el futbol americano cause suicidio de forma directa, ni que la encefalopatía traumática crónica pueda diagnosticarse en vida. Lo que muestra es un cambio temporal preciso, reciente y sostenido, que no aparece en otras ligas profesionales con menor exposición a golpes repetidos en la cabeza.

El quiebre después de 2010

El aumento identificado por Harvard coincide con un punto de inflexión cultural y mediático. A partir de la segunda década del siglo, la CTE dejó de ser un concepto restringido a publicaciones académicas y comenzó a ocupar un lugar central en la conversación pública sobre la NFL. El término apareció con mayor frecuencia en estudios científicos, en demandas judiciales contra la liga, en reportajes de investigación y en una serie de muertes de alto perfil entre exjugadores que solicitaron la preservación de su cerebro para estudios post mortem.

Durante años, estudios sobre atletas profesionales habían mostrado tasas de suicidio más bajas que las de la población general, y el futbol americano no era la excepción. La decisión de Harvard fue cambiar el punto de comparación. En lugar de contrastar a la NFL con la sociedad en su conjunto, la comparó con otros atletas de élite sometidos a presiones similares, pero con un riesgo mucho menor de lesión cerebral.

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